Ingeniería estructural y salud pública: una mirada interdisciplinaria a las afectaciones del terremoto en Cali

Investigadores de las universidades de Utah, Berkley e Hiroshima, junto con la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, realizaron un reconocimiento de estructuras afectadas por el sismo en Cali para analizar los daños desde una perspectiva que integra la ingeniería sísmica, la salud pública y la protección de la vida humana.

La evaluación de las consecuencias de un terremoto requiere una mirada que trascienda el comportamiento físico de las edificaciones y considere sus efectos sobre las personas, la salud pública y la continuidad de los servicios esenciales. Con este propósito, un equipo internacional de investigadores visitó estructuras afectadas por el reciente evento sísmico en Cali, en una jornada de reconocimiento técnico e intercambio académico orientada a comprender la relación entre el daño estructural y sus consecuencias humanas.

En la visita participaron la doctora Kimberly Shoaf, profesora de Salud Pública de la Universidad de Utah; la ingeniera civil estructural Ivon Merino, investigadora posdoctoral de la Universidad de California, Berkeley; la doctora Tomomi Suzuki, profesora de la Universidad de Hiroshima; y Skyler Crouch, estudiante de doctorado en Salud Pública de la Universidad de Utah. También acompañaron la actividad estudiantes del programa de Ingeniería Civil de la Universidad del Valle, el profesor Albert Ortiz, director de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática, y un representante de la Secretaría de Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres de Cali.


Este encuentro propició un espacio de aprendizaje en campo y colaboración interinstitucional, en el que se abordaron los daños observados en las edificaciones, los factores que inciden en la vulnerabilidad estructural y la importancia de comprender cómo las condiciones del entorno construido pueden influir en las lesiones, las muertes y otros efectos asociados a los desastres sísmicos.

Un proyecto internacional para comprender las consecuencias humanas de los terremotos

La visita se enmarca en el interés de los investigadores por profundizar en el estudio de las consecuencias de los terremotos sobre la salud de las poblaciones. La doctora Kimberly Shoaf, quien dirige un centro de investigación sobre desastres en el ámbito de la salud pública, explicó que su trabajo se concentra en comprender la interacción entre los eventos adversos y sus repercusiones sobre las personas.

Actualmente, Shoaf participa en una investigación colaborativa con académicos de la Universidad de California, Berkeley, enfocada en el análisis de las lesiones y los fallecimientos asociados al terremoto ocurrido en Turquía. A partir de esta experiencia, el equipo busca ampliar el alcance de sus investigaciones hacia Colombia y, eventualmente, Venezuela, con el propósito de estudiar otros contextos sísmicos y generar evidencia que contribuya a reducir las consecuencias humanas de futuros eventos.

La investigadora señaló que el reconocimiento realizado en Cali constituye una oportunidad para identificar las particularidades del contexto colombiano y explorar la viabilidad de desarrollar un estudio más amplio. Los resultados iniciales podrán contribuir a la producción académica, mientras que la consolidación de una investigación de mayor alcance dependerá, entre otros factores, de la consecución de recursos y de la articulación con instituciones académicas y organismos relacionados con la gestión del riesgo.

La articulación entre ingeniería sísmica y salud pública

Uno de los principales ejes de la visita fue la necesidad de fortalecer el diálogo entre la ingeniería estructural y la salud pública. Aunque ambas disciplinas abordan aspectos diferentes de los desastres, su integración permite comprender de manera más completa la cadena de consecuencias que conecta el movimiento sísmico con los daños materiales y las afectaciones a la población.


Para Ivon Merino, ingeniera civil estructural e investigadora posdoctoral de la Universidad de Berkeley, esta articulación representa uno de los grandes desafíos de la investigación contemporánea sobre riesgo sísmico.

Desde su experiencia, traducir los resultados de la ingeniería en indicadores relevantes para la salud pública —y, a su vez, incorporar las necesidades de las personas en los análisis de ingeniería— exige superar diferencias metodológicas y desarrollar enfoques interdisciplinarios. Mientras la ingeniería suele apoyarse en variables cuantificables relacionadas con la respuesta de las estructuras, la salud pública incorpora dimensiones humanas, sociales y conductuales que no siempre pueden expresarse mediante modelos estrictamente numéricos.

Sin embargo, la investigadora destacó que el propósito último de la infraestructura es servir a las personas. Por ello, comprender el comportamiento de una edificación ante un terremoto no debería limitarse a establecer si permanece en pie o presenta daños, sino que también debe considerar las posibles lesiones, la pérdida de vidas, las condiciones de habitabilidad y la interrupción de servicios fundamentales.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia en infraestructuras esenciales, como los hospitales, cuya funcionalidad puede verse comprometida incluso cuando los daños estructurales no parecen significativos. La interrupción de sus operaciones, por ejemplo, puede afectar la atención de pacientes y generar consecuencias que trascienden el edificio mismo.

De esta manera, integrar la ingeniería sísmica y la salud pública permite avanzar hacia evaluaciones del riesgo que contemplen no solo la resistencia física de las construcciones, sino también la exposición de las personas, sus condiciones de vulnerabilidad y las consecuencias de los daños sobre la vida cotidiana.

El reconocimiento en campo como herramienta de aprendizaje e investigación

La visita a las estructuras afectadas en Cali permitió observar la diversidad de condiciones presentes en las edificaciones y reflexionar sobre la manera en que estas responden ante un evento sísmico. Para los participantes, el reconocimiento directo del entorno construido constituye una oportunidad para relacionar los conocimientos teóricos con las condiciones reales de las estructuras y plantear nuevas preguntas de investigación.


Merino destacó los avances alcanzados por la ingeniería sísmica en materia de diseño y protección estructural, incluidos los reglamentos de construcción sismorresistente y tecnologías como el aislamiento sísmico y los sistemas de disipación de energía. Estas soluciones pueden mejorar el desempeño de las edificaciones, aunque su implementación depende de las características de cada proyecto, de su importancia y de los recursos disponibles.

No obstante, advirtió que los avances tecnológicos deben complementarse con estrategias de preparación, comunicación y educación dirigidas a la población. La reducción del riesgo no depende exclusivamente de la capacidad de las estructuras para resistir un terremoto, sino también del conocimiento que las personas tienen sobre los espacios que habitan, las condiciones de vulnerabilidad de su entorno y las medidas de protección pertinentes.

En este sentido, la observación de las edificaciones afectadas también invita a considerar factores como la antigüedad de las construcciones, el estado de sus elementos estructurales y no estructurales, las condiciones de los muros y la posible caída de componentes que puedan ocasionar lesiones. La identificación y evaluación de estos factores debe realizarse con criterios técnicos y por personal competente, sin trasladar a los habitantes la responsabilidad de determinar por sí mismos la seguridad de una estructura.

Asimismo, el comportamiento de las personas durante y después de un sismo debe comprenderse en relación con las características del lugar, las condiciones individuales y las necesidades de quienes requieren asistencia. Por ello, las recomendaciones de actuación deben comunicarse de manera clara, contextualizada y coherente con las orientaciones de las autoridades competentes.

Preparación y comunicación del riesgo: un compromiso académico y social

Además de la investigación técnica, la visita puso de relieve la importancia de comunicar el conocimiento científico de manera accesible y sostenida. Según Merino, la atención pública que surge inmediatamente después de un terremoto representa una oportunidad para promover la educación sobre el riesgo; sin embargo, ese interés puede disminuir con el paso del tiempo si no se desarrollan estrategias permanentes de divulgación y preparación.

La investigadora subrayó que no es posible transformar de manera inmediata todo el inventario de edificaciones de una ciudad. Por esta razón, junto con el fortalecimiento progresivo de la infraestructura, es necesario promover una cultura de prevención que permita a las comunidades reconocer las características de su entorno, conocer las rutas y procedimientos de emergencia establecidos y comprender cómo actuar de acuerdo con las condiciones particulares de cada espacio.

Este proceso requiere la participación de las instituciones educativas, las entidades responsables de la gestión del riesgo, los profesionales de la ingeniería y las comunidades. También demanda fortalecer los mecanismos de comunicación entre quienes producen conocimiento científico y quienes necesitan utilizarlo para tomar decisiones informadas.

En concordancia con esta visión, la doctora Kimberly Shoaf resaltó que una de las principales medidas para disminuir las lesiones y los fallecimientos asociados a los terremotos consiste en contar con edificaciones adecuadamente diseñadas y construidas, capaces de ofrecer mejores condiciones de protección a sus ocupantes. La prevención, por tanto, debe contemplar tanto la seguridad del entorno construido como la preparación de las personas y la capacidad de respuesta de las instituciones.

Universidad del Valle: un espacio para la cooperación académica y la formación en campo

La realización de esta visita fue posible gracias a la articulación entre los investigadores visitantes y la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, con el acompañamiento del profesor Albert Ortiz, director de la Escuela, quien facilitó el acercamiento académico para el desarrollo de la actividad en Cali.

La presencia de estudiantes del programa de Ingeniería Civil permitió vincular la formación profesional con una experiencia de observación directa de estructuras afectadas por un evento sísmico. Este tipo de actividades contribuye al desarrollo de una perspectiva crítica sobre el desempeño de las edificaciones y favorece la comprensión de los desafíos que implica evaluar el riesgo en contextos reales.


La participación de la profesora Tomomi Suzuki, de la Universidad de Hiroshima, amplió el carácter internacional del encuentro y fortaleció el intercambio de perspectivas académicas sobre los terremotos y sus consecuencias. A su vez, el acompañamiento de un representante de la Secretaría de Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres favoreció la interacción entre la investigación universitaria y las instituciones vinculadas con la gestión del riesgo.

Esta cooperación evidencia la importancia de generar espacios en los que converjan la ingeniería, la salud pública, la investigación científica y la gestión institucional para abordar problemas complejos que requieren respuestas coordinadas.

Hacia una visión integral de la reducción del riesgo sísmico

El reconocimiento de las estructuras afectadas en Cali dejó como principal reflexión la necesidad de situar la protección de la vida y la salud en el centro de los estudios sobre el riesgo sísmico. Aunque la ingeniería dispone de herramientas cada vez más avanzadas para evaluar y mejorar el comportamiento de las edificaciones, todavía existen oportunidades para profundizar en la comprensión de las consecuencias humanas de los daños y en la manera de traducir el conocimiento técnico en acciones preventivas.

Para la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, este encuentro representa una oportunidad para fortalecer la formación académica, promover la investigación interdisciplinaria y estrechar los vínculos con instituciones nacionales e internacionales.

La experiencia también reafirma que la reducción del riesgo de desastres exige una visión que integre el conocimiento científico, la seguridad de las construcciones, la preparación comunitaria y la comunicación efectiva. En última instancia, estudiar cómo responde una estructura ante un terremoto significa también comprender cómo proteger a quienes la habitan y garantizar que la infraestructura cumpla su función esencial: contribuir al bienestar y la seguridad de la sociedad.

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